Volvo City Safety

Bajo esta denominación encontraremos la que posiblemente sea, la solución definitiva para evitar los atropellos en las grandes ciudades.
Varios años de investigación ha necesitado Volvo para desarrollarlo, pero afortunadamente ya está aquí. Comenzó sus andaduras en los modelos XC60 y S60 como equipamiento de serie y hoy en día muchas otras marcas han calcado su funcionamiento para incorporarlo como equipamiento de seguridad opcional.

El sistema no es otra cosa que una mejora en el control de velocidad de crucero (posibilidad de marcar una determinada velocidad al coche y que este la mantenga solo sin necesidad de estar acelerando).
Suple el defecto que tiene el Cruise control, que no es capaz de frenar el coche por sí solo porque desconoce lo que ocurre delante de nosotros presuponiendo que está despejado.

Para poder calcular la distancia del coche precedente y saber si hay algún obstáculo, el City safety incorpora un pequeño sónar en el paragolpes delantero – parecido a la visión nocturna- que mediante ultrasonidos detecta cualquier anomalía en la carretera.
El alma de este sistema es sin duda el software, que debe ser lo más rápido y potente posible para no perder ni una décima de segundo a la hora de intervenir.

El proceso es el siguiente: El sensor detecta una anomalía, transfiere los datos al ordenador central y este evalúa la situación interviniendo directamente en el circuito de frenado, frenando el coche de manera automática y con una brusquedad marcada por el peligro que exista, llegando a detenernos por completo.


El único pero que se le puede poner a este sistema es que no funciona por debajo de los 20 kilómetros a la hora, pero por lo demás resulta interesante ya que también podemos “fichar” al vehículo de delante y hacer que nuestro coche de manera automática mantenga su misma velocidad.

La eterna pregunta: ¿Gasolina o diésel?

Es la gran pregunta que todos nos hacemos a la hora de comprarnos un coche.
Pero es cierto que para saber certeramente cuál nos conviene más, tendremos que tirar de calculadora. Porque el mismo motor en las dos versiones tiene una diferencia en torno a los 1000€, superior en el diésel. A ello hay que sumarle la diferencia de precio del litro de cada uno de ellos, ya que actualmente cuestan casi lo mismo e incluso hace un tiempo, la gasolina fue más barata.

La respuesta es clara. Si queremos utilizar el coche para la cuidad y no tenemos pensado hacer más de 10.000 kilómetros al año, deberíamos decantarnos por el motor de gasolina. Pero hay que estar muy atentos a las ofertas que las marcas hacen de determinados modelos, ya que suelen ser coches con motor diésel que tienen una gran rebaja.
Aquí si que ni nos lo pensamos, porque es mucho más barato que el gasolina (un ejemplo de ello es el Citroen C4 Tonic HDI 90 cv por 12.500€).

Llegados a este punto, cualquiera puede pensar que un motor de gasóleo es mejor porque suelen consumir un 40% menos que la versión de gasolina. No caigamos en la trampa, ya que repito que ese supuesto sólo es válido si vamos a realizar más de 10.000 kilómetros al año.

Una vez resuelto el aspecto del consumo, vamos a describir brevemente las características de cada uno.

El motor diésel es muchísimo más eficiente que el gasolina, porque aprovecha más del 60% de combustible para mover el coche, mientras que el gasolina sólo el 15%. Es decir, por cada litro de carburante, el 40% y 85% de la energía se pierde (elementos electrónicos del coche, aerodinámica, fricción con el pavimento…).

Hay una diferencia bastante grande en la dureza, el motor gasoil es mucho más “tosco y  rudo” mientras que es gasolina es más sensible. Para conducir un gasolina debemos tener más suavidad con el acelerador porque se nota todo, por el contrario al diésel deberemos acelerarle mucho más para obtener potencia (un motor de gasóleo pesa bastante más).

Existe una leyenda urbana acerca de la vida útil de los motores, que data en los 125.000 kilómetros para un gasolina y los 150.000 para un diésel. Pues bien, tiene de cierto que es el mínimo al que llegarían esos coches si son conducidos por salvajes (dejando aparte los modelos defectuosos) porque hay que decir que si cuidamos nuestro coche, llevamos al día su mantenimiento y no castigamos duramente la mecánica, este puede llegar a durar más de 600.000 kilómetros. Por eso, esa leyenda urbana sólo deberemos tenerla en cuenta a la hora de pretender hacernos con un coche de segunda mano.


Respecto a las averías, la sensibilidad del motor de gasolina, le hace pasar más veces por el taller. Pero son bastante más económicas que las del diésel, que pese a que este tenga menos, son más caras.

Aprovecho este tema para comentar la diferencia entre los combustibles "estándard" y los "caros"(aquella gasolina o diésel que una determinada gasolinera ofrece más cara y que es de más calidad y eficiencia)

Sinceramente, no merece la pena gastarse esos céntimos de más en nuestro repostaje ya que apenas notaremos una reducción en el consumo y tampoco cuidará de nuestro motor como para no tener averías.
Lo que sí resulta mucho más efectivo es:

  •  No repostar si vemos que el camión cisterna de abastecimiento está rellenando los surtidores, porque con el llenado removerá las impurezas que quedan en el inferior del tanque y si repostamos podemos llevarnos alguna a nuestro depósito.

  • Otra medida anti-impurezas es el simple hecho de intentar no llegar a la reserva. Repostar antes o al poco de que se nos encienda el testigo del surtidor para evitar que pueda llegar al motor cualquier impureza o suciedad del depósito.



¿Quién decide el nombre de un coche?

Cuando un niño nace se le da un nombre, cuando  un barco ve por primera vez al agua se le da un nombre, cuando se fabrica una bebida se pone un nombre…
Prácticamente a cualquier cosa, producto o ser que ve la luz por primera vez en la vida, se le da una identidad para diferenciarlo del resto y poder reconocerlo.
En el sector automovilístico sucede exactamente lo mismo, pero casi siempre se asignan nombres que tienen algo que ver con el coche, que lo complementen.

Pero ojo con eso porque las marcas tienen que tener cuidado a la hora de ponerle una identidad a sus coches, ya que deben tener en cuenta la traducción a otros idiomas. No sería la primera vez que se cambia el nombre en un país por sonar mal, en el caso de España esto ha sucedido varias veces, como por ejemplo con el Opel “Manta”, el Mazda “Laputa” o el Mitsubishi “Pajero” que se renombró por Montero. Con estos ejemplos no hay ni que explicar el porqué del cambio de las denominaciones.

También hay guerras en los tribunales acerca de identificar un coche cuyo nombre recuerda al de otro ya existente (por ejemplo el caso del Fiat Gringo y el Renault Twingo, que finalmente acabó a favor del segundo).
Para evitar esta situación, las marcas registran muchos nombres aunque no tenga vehículos suficientes como para utilizarlos. Por ejemplo Seat, tiene registradas todas las ciudades de España y Peugeot las cifras con cero en el centro – 306/308/908/3008… de hecho, Porsche tenía previsto denominar al 911, 901 pero al tenerlo Peugeot tuvo de decantarse finalmente por el 11.

Como vemos, lo que a priori parece una tontería y lo más bonito de todo el proceso, puede convertirse en un auténtico quebradero de cabeza.
Algunos fabricantes deciden dar carta blanca a los usuarios para que decidan ellos mismos el mejor nombre, por ejemplo Alfa Romeo dejó en 2007 a través de su web, la posibilidad de nombrar a uno de sus modelos, el Mito.

El proceso fue sencillo, cada participante ofreció una propuesta con su nombre favorito y quedaron doce finalistas, por lo que hubo que votar por uno de ellos. El nombre resultante fue el Alfa “Furiosa” pero a la marca no le hizo nada de gracia y finalmente no lo utilizó.